¿Alguna vez te has preguntado qué pasa cuando tiramos algo a la basura? La respuesta es compleja, pero mucho de lo que tiramos, estos residuos, acaban siendo basura. Pareciera que residuo y basura son sinónimos, pero no es así, un residuo se puede reciclar, reutilizar, convertir en algo más, la basura llega a un relleno sanitario, en el mejor de los casos, y ahí se queda, contaminando. En los bosques, en la naturaleza en general, no existe el concepto de basura o desecho: pensemos en unas zarzamoras… las zarzas producen esas deliciosas frutas que los pájaros y otros animales se comen. Con esa comida se alimentan y al defecar transportan las semillas a diferentes lugares para que haya nuevas zarzamoras, pero eso no es todo, el excremento contiene nutrientes que se aprovechan en el suelo por microorganismos. En el ciclo natural no hay basura, no hay desperdicios, todo se aprovecha de una u otra forma. Pero los humanos no hacemos lo mismo. Me gustaría pensar que si detengo a cualquier persona en la calle estará familiarizada con el concepto de las 3R (Reducir, Reutilizar y Reciclar), es algo que nos enseñaron desde pequeños y que, sin duda alguna, es un excelente primer paso para ser más conscientes de cómo contaminar menos. Pero ese es el problema, es contaminar menos, no dejar de contaminar. El reciclaje, aunque extremadamente importante, tiene el problema de que se requieren muchos recursos, como agua y energía, para lograrlo. Entonces necesitamos una manera mejor de abordar el problema de la basura y el consumo energético. Pensemos en cómo se “manejaban” los residuos, voy al supermercado y me compro una licuadora, la uso varios años, tal vez la reparo una vez, y luego me compro la nueva, con un color distinto que me llama la atención y que ahora tiene ¡15 velocidades diferentes en vez de 10 que tenía la anterior! Pero que sigue haciendo exactamente lo mismo. ¿Entonces qué hago con la antigua?, la desecho como basura, se va al relleno sanitario y se degrada muy lentamente, contaminando el suelo, el agua y el aire a su alrededor. A esta idea de consumo se le conoce como economía lineal: extraer, producir, usar y desechar. Desde hace unas décadas se ha planteado una mejor manera… hacer procesos circulares (Economía Circular). Esto es, básicamente, imitar a la naturaleza, en vez de diseñar un producto de manera aislada, se diseña el producto con miras a que que no queden desechos, que cuando el producto termine su vida útil se vuelva otra cosa, que las materias primas del producto no sean siempre nuevas, que se usen materias primas que vienen de lo que solía ser un producto diferente. Así, los pilares de la economía circular son: diseñar para la durabilidad y la reparación, mantener los productos y materiales en uso el mayor tiempo posible, y regenerar los sistemas naturales. La diferencia de fondo es radical: las 3R nos enseñaron a gestionar los desperdicios cuando el daño ya estaba hecho; la economía circular nos invita a borrar la palabra ‘basura’ del diccionario antes de empezar a fabricar. Aquí una tabla para comprender mejor las diferencias:
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Criterio El modelo de las 3R (Mitigación) El modelo Circular (Rediseño) La meta principal Hacer menos daño. Busca que el impacto del sistema actual sea más lento o un poco «menos malo». Generar bienestar sistémico. Busca que el impacto sea inherentemente positivo, imitando a la naturaleza. ¿Dónde empieza la acción? Al final de la cadena. Actúa principalmente cuando el producto ya existe y está en manos del consumidor. En la mesa de dibujo. Actúa desde el nacimiento del producto (ecodiseño) antes de gastar un solo gramo de materia prima. El destino de la «basura» Retrasar lo inevitable. El reciclaje a menudo degrada los materiales (plásticos que solo se reciclan una vez), por lo que tarde o temprano terminan en el relleno sanitario. Eliminar el concepto de residuo. Los materiales se dividen en nutrientes biológicos (regresan a la tierra) y técnicos (se desarman y vuelven a la fábrica sin perder calidad). El rol del consumidor La pregunta clave Carga con la culpa. El ciudadano es el responsable de limpiar, separar y gestionar un objeto que fue mal diseñado desde el principio. ¿Qué hago con este envase de plástico que ya no me sirve? Se convierte en usuario. El ciudadano usa el servicio del objeto (ej. iluminación) y, al terminar su vida útil, el fabricante se encarga de recuperar los materiales. ¿Cómo diseñamos este contenedor para que sus materiales nunca dejen de ser útiles? Entonces, ¿qué podríamos hacer nosotros? Promover la migración de modelo en nuestros hábitos, buscar los productos pensados y diseñados tomando en cuenta las pautas de la economía circular. Exigir a las autoridades un cambio, de poco a poco, pero de manera constante. Es decir, hay que ver el problema desde la mayor cantidad de perspectivas posibles, de manera sistémica. La economía circular no es una fantasía, es una ley de supervivencia: en un planeta con límites físicos y biológicos, el único modelo viable es el que imita el comportamiento de la Tierra, donde nada se desperdicia y todo se transforma.
Rodrigo Castañeda Rivera