CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS PATRONES DE LLUVIA EN MÉXICO Y EL MUNDO
Los patrones de precipitación han mostrado cambios significativos en los últimos años, tanto en la Ciudad de México como a nivel global. Estas variaciones, incluyendo lluvias extremas y sequías prolongadas, están directamente relacionadas con el cambio climático. Ante esta situación, los individuos, los gobiernos y las instituciones educativas enfrentamos el reto de adaptar, concientizar y actuar para preservar uno de los recursos más valiosos del planeta: el agua.
En junio de 2025, la Ciudad de México vivió el mes más lluvioso desde 1968, con 337 millones de metros cúbicos de agua acumulados. En julio del mismo año, se alcanzó un récord histórico de casi 298 mm de lluvia en un solo mes, casi el doble del promedio histórico, lo que provocó inundaciones masivas. Asimismo, se ha documentado que aproximadamente el 26 % de la lluvia anual en México cae en forma de eventos extremos. A ello se suma la sobreexplotación de acuíferos, que ha causado un hundimiento del suelo de hasta nueve metros en el último siglo, aumentando la vulnerabilidad urbana ante lluvias intensas.[1]
A escala global, la precipitación anual ha aumentado desde 1901 a una tasa de 0.03 pulgadas por década. La cantidad de vapor precipitable en la atmósfera (TPW) también ha crecido entre 0.66 % y 0.88 % por década (1958–2021), lo que refleja un ciclo hidrológico más activo. No obstante, este aumento promedio oculta desigualdades: mientras algunas regiones enfrentan lluvias torrenciales, otras padecen sequías históricas. Algunos estudios reportan que entre 2018 y 2022 las áreas afectadas por sequías crecieron un 74 %, y que en 2022 un 30 % de la superficie terrestre sufrió sequías moderadas o extremas, en gran parte atribuibles al calentamiento global.[2]
Se sabe desde hace mucho que el Cambio climático es un factor que contribuye a reducir la estabilidad del ciclo hidrológico, intensificando fenómenos extremos como sequías e inundaciones, especialmente en regiones urbanizadas y vulnerables como la Ciudad de México.
El cambio climático no solo incrementa las temperaturas globales, sino que altera profundamente el ciclo hidrológico, provocando que las lluvias sean cada vez más irregulares y extremas. La explicación científica dice que a medida que la atmósfera se calienta, puede retener mayor cantidad de vapor de agua. Por cada grado Celsius adicional de temperatura, la atmósfera es capaz de almacenar aproximadamente un 7 % más de humedad, lo que intensifica la magnitud de las precipitaciones cuando ocurre la condensación.
En la práctica, esto se traduce en tormentas más violentas, que descargan en pocas horas la cantidad de lluvia que antes caía en varios días, generando inundaciones y desbordamientos. Al mismo tiempo, en regiones áridas o semiáridas, el aumento de la evaporación produce sequías más severas y prolongadas, disminuyendo la disponibilidad de agua superficial y subterránea. Así, aunque el promedio mundial de lluvias pueda mostrar un ligero aumento, la distribución espacial y temporal del agua se ha vuelto mucho más desigual.
En contextos urbanos como la Ciudad de México, estas dinámicas se vuelven aún más complejas. La sobreexplotación de acuíferos, el hundimiento del subsuelo y la impermeabilización del suelo urbano incrementan la vulnerabilidad de la Ciudad tanto a inundaciones como a escasez de agua. En este sentido, el cambio climático actúa como un amplificador de riesgos hídricos, intensificando las desigualdades y la inseguridad en el acceso al agua.
Ante este panorama, se hace indispensable que los países implementen políticas públicas que promuevan la adaptación urbana —como espacios verdes y drenajes eficientes—, proteger la recarga de acuíferos y evitar la sobreexplotación de agua subterránea. Asimismo, resulta indispensable invertir en infraestructura resiliente que armonice con la dinámica climática actual y futura.
Y, por otro lado, los individuos también jugamos un papel clave: usar el agua de manera responsable, evitar el desperdicio y participar en proyectos comunitarios de conservación. La educación ambiental y la adopción de hábitos sostenibles son herramientas poderosas para transformar la cultura del agua.
El agua es esencial para la vida y los ecosistemas. Su conservación es una responsabilidad intergeneracional. El tratamiento adecuado del agua residual y su reciclaje son prácticas clave para asegurar su disponibilidad futura y reducir la presión sobre fuentes naturales.
El Colegio Madrid está construyendo dos plantas tratadoras de agua; residual y pluvial, cuya meta es depurar el agua usada para reutilizarla. Este esfuerzo no solo busca conservar el recurso, sino que está vinculado a un programa académico amplio de concientización ambiental, mediante el cual los estudiantes comprenden la importancia del agua, analizan problemáticas globales y se forman como agentes de cambio. Así, la sostenibilidad en el Colegio no se limita a la infraestructura, sino que se convierte en una experiencia educativa integral.
Los cambios en los patrones de lluvia en la Ciudad de México y el mundo revelan un ciclo hídrico cada vez más volátil, marcado por fenómenos extremos que se exacerban por el cambio climático. Frente a este panorama, tanto los países como los individuos debemos asumir responsabilidades concretas: desde políticas de adaptación hasta prácticas cotidianas de ahorro de agua. El Colegio Madrid ejemplifica cómo la infraestructura sostenible puede integrarse a la educación, formando conciencia y capacidad de respuesta ambiental en las generaciones futuras. Cuidar y tratar el agua no solo es una necesidad ecológica, sino un imperativo educativo y social.
[1] El País. (2025, 2 de agosto). Un verano con lluvias récord inunda Ciudad de México. El País. https://elpais.com/mexico/2025-08-02/un-verano-con-lluvias-record-en-ciudad-de-mexico.html
[2] El País. (2025, 4 de junio). Un estudio certifica que las sequías son cada vez más severas debido al cambio climático causado por el ser humano. El País. https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2025-06-04/un-estudio-certifica-que-las-sequias-son-cada-vez-mas-severas-debido-al-cambio-climatico-causado-por-el-ser-humano.html
